Hacemos una pausa mental y recorremos nuestro camino, analizamos de cómo llegamos a donde estamos.
Cuando pienso en mi infancia, una de las cosas que más tengo grabada en la memoria es el olor a domingo, esa mezcla de carbón quemándose en la parrilla y salsa de tomate burbujeando en las ollas de cada familia de origen italiano de la cuadra. Mi abuela era romana, escapó de la guerra para instalarse en Buenos Aires y desde su cocina aportaba al aroma de la pasta casera.
Muchos años, experiencias y ciudades pasaron desde esas caminatas en busca de el pan para mojar en el estofado hasta que encontré una manera de vivir en mayor armonía emocional y con el maravilloso mundo llamado tierra. Son esos momentos de mi infancia los que estuvieron llenos de prácticas que hoy se consideran sustentables, los que hoy aprecio y replico. En el pasado fueron costumbres generadas por necesidad y bajos recursos, y hoy son necesarias debido a los excesos.
El ingenio humano puede ser maravilloso, pero cuando más se ejercita es al momento que se debe satisfacer una escasez. Si se vive rodeado de fácil acceso a satisfacer cualquier deseo, el cerebro se debilita y eso trae como consecuencia la indiferencia.
Siempre estuve enfocada en la industria y no a las responsabilidades individuales. Yo viví años de indiferencia, pensando que mientras reciclara cumplía con mi "cuota social y medioambiental". No se me cruzaba una baja en el consumo o el origen del material a consumir, dada mi ignorancia sobre economía circular o huella ambiental.
Cuando uno recicla, piensa que todo se recicla y por accidente descubrí que solo el 9% de reciclables es en verdad reciclado. Ese número no solo me impactó, sino que me abrió los ojos a querer seguir investigando de qué otras cosas "el mundo" no hace, y en esa nueva etapa aprendí que mis intentos de cuidar el planeta reciclando quedaban extremadamente escasos.
Día a día fui descubriendo, conociendo y probando prácticas que no solo reducen el impacto al medio ambiente, sino que me permitieron encontrar una satisfacción espiritual que no tenía. Ejercicios diarios de agradecimiento y apreciación de las pequeñas felicidades cotidianas que abrieron mi reconocimiento del subconsciente y cerraron prácticas materialistas.
He recorrido un camino hacia una vida más alineada con mis valores: una vida consciente, sostenible y en armonía con la naturaleza. Me enorgullece decir que he dedicado incontables horas a investigar, probar y perfeccionar formas de hacer que vivir de manera consciente sea accesible para mujeres ocupadas como vos, que quieren generar un cambio positivo sin sentirse abrumadas.
Comencé EcoNati con la intención de formar una comunidad positiva, en donde entre todos y todas podamos comunicar y compartir maneras de vivir mejor, apreciando nuestro entorno, las personas, la naturaleza y cada recurso que nos rodea. La idea no es la perfección, sino el proceso y objetivo de mejora continua, de poder disfrutar cada bendición que tenemos, y créeme que son muchas.
En este camino fui descubriendo herramientas que me ayudaron y motivaron a encontrar esos hábitos y prácticas hacia una vida más consciente y sustentable. Es por eso que a través de mis guías, libros y diferentes recursos quiero ayudarte a dar el primer paso hacia una vida más equilibrada y con propósito. Sé de primera mano lo difícil que puede ser equilibrar el trabajo, la familia y el autocuidado mientras también intentas vivir en armonía con el planeta. Por eso estoy acá, para mostrarte que es posible, y para darte las herramientas y la motivación necesarias para comenzar.
Estás en el lugar correcto.
¿Estás lista para dar el siguiente paso hacia una vida que refleje tus valores? ¡Hagámoslo juntas! Estoy emocionada de que estés aquí y de ser parte de tu camino.